No pude enamorarme de Marilyn

Por más bonito que sea el lugar, por más cool que parezca y por mucho que el servicio sea -de verdad- muy bueno, no pude enamorarme de Marylin. Había ido antes a este local de Merced con José Miguel de la Barra, pero estuve en la terraza y sólo degusté un schop. No valía para reseña.

En esta oportunidad probé la Hamburguesa Húngara, que traía una hamburguesa de vacuno mezclado con cerdo, aderezada al ajo con ajo y paprika, mayonesa, aros de cebolla, lechuga, pepinillos, pimiento rojo asado -que apenas vi- y un toque te pomodoro en pan brioche. La probé, básicamente, porque supuse que tendía algún parecido al siempre bien recordado Rumano de la Fuente Alemana. No podía estar más lejos de la realidad.

Hablamos de una hamburguesa que apenas se siente, delgada y con un sabor que, si bien no está mal, es normalito. No destaca nada. Los otros ingredientes apenas se notan y la porción de papas es bien discreta. La abundancia, al menos en este plato, no es lo suyo. Es una preparación que cualquier aficionado -y no tanto- a la cocina podría hacer sin problemas.

Esperaba algo mucho mejor. Quizás las hamburguesas no son su especialidad y les doy el beneficio de la duda. Iré de nuevo para probar las alternativas, pero por el precio hay productos muy pero muy superiores. A estas alturas, cuando hay tantas hamburguesas y es un producto tan masivo, no se pueden dar el lujo de tener una discreta. Una buena burger es el “desde” en este tipo lugares. Lo bueno es que todos los sándwiches valen lo mismo ($5.800). Hay schop Stella Artois y Quimera (red ale).

Merced #395, Santiago.