Dublin del Patio Bellavista: uno de los peores servicios de Santiago

Un mal servicio puede afectar todo lo bueno de un restaurante, bar o cualquier establecimiento que atienda clientes. Hay lugares donde, por más ricos que sean sus platos o tragos, si nos atienden mal, eso es lo único que recordamos.

Foto: Reproducción / Foursquare.

Foto: Reproducción / Foursquare.

Eso es lo que me pasó en el “Dublin” del Patio Bellavista. El escenario fue el siguiente: lunes, 16:00 horas, lugar casi vacío salvo por una mesa de extranjeros de no más de 10 personas. No parece mucha exigencia. Sin embargo, la atención dejó bastante que desear.

Varios minutos de espera para que un garzón se dignara a acercarse a la mesa y preguntar qué queríamos. Otros 20 de espera para recibir la primera orden, compuesta sólo por tragos simples: tres cervezas, un pisco Mistral con sprite y una bebida en lata. Demasiado.

Otra eterna espera para ordenar nuevamente. Al menos 20 minutos intentando, sin éxito, llamar la atención de un garzón. Cuando por fin apareció, tomó sólo la orden de uno de los comensales y arrancó nuevamente, obligando al resto a seguir esperando.

Lo que más se ve son garzones caminando de un lado a otro pero sin atender a nadie ni echar un vistazo a las mesas. La única explicación que se me viene a la cabeza es que los ponen a realizar otras tareas y ahí se quedan.

Es en estos casos cuando la “propina sugerida” de 10% que nos hemos acostumbrado a pagar cada vez que salimos, parece un poco exagerada. Estoy totalmente de acuerdo con que se debe dejar propina, siempre y cuando el servicio sea, al menos, medianamente bueno.

No es posible que un local vacío, con dos mesas utilizadas, tarde tanto en tomar y entregar pedidos. Es una total falta de respeto a los clientes y aquellos lugares que hacen del servicio un ítem de excelencia.  Mejor ni pensar cómo es cuando está lleno.

La comida, al menos lo que probé, estaba bien. Hablo de unas papas fritas clásicas (sin nada) y otras con crema y jalapeño  ($5200 y $5800, respectivamente). Sin embargo, algunos precios de la carta me parecieron absurdos, sobre todo considerando el pésimo servicio: $17000 por una tabla de carnes…

Para que se hagan una idea, el Mistral 35°, que en otros lugares cuesta desde $2500 a $3000, aquí está a $3800 (insisto, piensen en el servicio). El schop Heineken está a 3200.

¿Qué más puedo decir? En ese sector y otros de Providencia hay bares mucho mejores, más bonitos, con tragos y platos similares, con mejores precios y servicio. 

No doy la dirección pues no me interesa que nuestros lectores vayan casi a “mendigar” un trago o unas papas fritas.